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	<title>Mavi Escamilla</title>
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		<title>Mr.Walker y el arte moderno</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Apr 2013 17:14:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mavi</dc:creator>
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		<description><![CDATA[(Fábula simétrica sin moraleja para M.Escamilla) (New York.U.S.A. 12:00 p.m.) Diana Palmer regresa a su apartamento de soltera con su prometido. Han asistido a un vernissage en una galería de moda. Mr.Walker está hambriento. Ella decide sorprender­lo con una sabrosa paella mixta al estilo del mon­te Gurugú. Sabe que con ello dulcificará su malhu­mor. El [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>(Fábula simétrica sin moraleja para M.Escamilla)</strong></p>
<ol>
<li>(New York.U.S.A. 12:00 p.m.) Diana Palmer regresa a su apartamento de soltera con su prometido. Han asistido a un vernissage en una galería de moda. Mr.Walker está hambriento. Ella decide sorprender­lo con una sabrosa paella mixta al estilo del mon­te Gurugú. Sabe que con ello dulcificará su malhu­mor. El ha regresado a la civilización para llevar a término su proyecto, la Fundación Walker de Arte Bengali. Ella ha intentado en vano convencerlo, in­cluso con malas artes, para que incluya el arte mo­derno en la futura institución. Mr.Walker, al con­trario que Diana, desprecia este tipo de arte, pe­ro es un experto en arte primitivo, fundamentalmen­te bengali. Es autor de documentados manuscritos sobre el particular, incluso es propietario de una importante colección, que guarda celosamente en una estancia de la cueva de la calavera, a la espera de su definitivo traslado a la ciudad de los rascacie­los .</li>
<li>(Selva Profunda.Bengali.12:00 a.m.) Antípodamente, Gurán hace lo propio para los enanos de Bandar. No es domingo, tampoco es un rito ancestral, añoran a su jefe, y además llevan todo el día quitando el polvo a las innumerables piezas de la colección.</li>
</ol>
<p>Un delicioso aroma se extiende rápidamente a tra­vés de la Selva Profunda.</p>
<p>(New York.U.S.A. 3:00 a.m.) Mr.Walker se despierta sobresaltado. Tiene el antifaz y la capucha empapa­dos de sudor. Ha soñado que su fiel Gurán preparaba una descomunal paella mixta, utilizando como ingre­dientes las piezas favoritas de su colección, los leones rampantes de la tribu Llongo y las decoracio­nes geométricas Wambesi. Enseguida comprende que se ha tratado de una pesadilla provocada por una mala digestión. Un hombre de su temple no se arredra por algo así. Desde su alfombrilla observa la cama, don­de su prometida duerme plácidamente, se relaja e in­tenta conciliar el sueño. Necesita descansar. Sabe que todavía le espera una dura negociación con Diana.</p>
<p>(Selva Profunda.Bengali. 4:00 p.m.) Toda la tribu de Bandar, Gurán inclusive, yace esparcida por los ale­daños de la Cueva de la Calavera. No se trata de una lamentable catástrofe. La tribu duerme la siesta tras la copiosa comida.</p>
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		<title>La Proposición Escamilla</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Apr 2013 17:08:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mavi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

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		<description><![CDATA[Roy Henderson entró en el bar Hosts para tomarse la sin alcohol de cada tarde con su amigo Pit Torrance. -   Qué bien te veo (le dijo éste) ¿Lo has hecho? Henderson, tras prolongar la especta- ción de su amigo unos segundos, por fin dijo. -   Sí, lo he hecho. -   Lo cierto es que [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div>
<p>Roy Henderson entró en el bar Hosts para tomarse la sin alcohol de cada tarde con su amigo Pit Torrance.</p>
<p style="padding-left: 30px;">-   Qué bien te veo (le dijo éste) ¿Lo has hecho?</p>
<p>Henderson, tras prolongar la especta- ción de su amigo unos segundos, por fin dijo.</p>
<p style="padding-left: 30px;">-   Sí, lo he hecho.</p>
<p style="padding-left: 30px;">-   Lo cierto es que se te ve como nuevo.</p>
<p style="padding-left: 30px;">-   Ha sido alucinante, Pit. Jamás pensé que un sistema de relajación virtual de un sólo día pudiera dar tanto resulta­do.</p>
<p style="padding-left: 30px;">-   Va, pues, cuéntamelo.</p>
<p style="padding-left: 30px;">-   Verás. Llegué a la clínica Brandford a eso de las nueve. Esta clínica está especializada en aliviar el stress y la tensión de los altos ejecutivos.</p>
<p style="padding-left: 30px;">-   Sí, como tú (dijo Torrance).</p>
<p style="padding-left: 30px;">-    No te burles. Bueno, poseen allí una Servocámara Hiperrelajante Mega- virtual, o sea, una especie de habita­ción llena de cables con una extraña camilla en su centro a la que te conec­tan y que te hace entrar en un mundo artificial diseñado previamente, una experiencia cuasi-real y super fuerte, de verdad. ¿Me sigues?.</p>
<p style="padding-left: 30px;" align="left">   &#8211; Sí, creo. ¿Y qué situación digamos “viviste”?</p>
<p style="padding-left: 30px;">-    La Proposición Escamilla.</p>
<p style="padding-left: 30px;">-    ¿Y eso qué es?</p>
<p style="padding-left: 30px;">-    Te cuento: La Proposición Escamilla dice que “Dada una situación de ten­sión en la conciencia o en las emocio­nes de una persona, existe siempre un elemento en ella capaz de hacer volver a la normalidad todo el sistema, de modo que llevando al límite sólo ese elemento, todo el sistema se recupera”. En cada persona ese ele­mento resorte es distinto, puede ser alguna emoción, los nervios, la creati­vidad, el sexo&#8230;</p>
</div>
<p style="padding-left: 30px;">-   ¿Y por qué se llama Escamilla?</p>
<p style="padding-left: 30px;">-   Creo que porque está inspirada en la obra de una pintora europea que necesitaba pintar para no volverse completamente loca. Pero bueno, te cuento lo que me “pasó”: Yo esperaba una situación bélica, matando zapatis- tas; o verme envuelto en una catás­trofe monstruosa: en un naufragio&#8230; Pero no, esta vez iba a ser algo más fuerte</p>
<p style="padding-left: 30px;">-   Cuéntame, cuéntame.</p>
<p style="padding-left: 30px;">-   De repente, Pit, yo ya no era yo. Yo era Mari Jou Ritter, una niña de rubios cabellos y ojitos celestes a quien su madre había presentado a un concur­so local de belleza y buenos modales para niñas de ocho años. Me encon­traba entre bambalinas en un teatro mirándome en un espejo. Como com­prenderás estaba alucinado ante mi nuevo aspecto. En ese momento, una señora (que me pareció altísima) apa­reció tras una cortina y dijo: “Mari Jou, dónde te habías metido, sólo faltas tú” y cogiéndome de una mano me arras­tró hacia el escenario sin percatarse que, por una fatalidad, mi “precioso” vestido de encaje y anchos vuelos en ese trance se rozaba con una pieza de decorado y una línea negra hori­zontal decoraba la parte trasera de mi atuendo.</p>
<p>Salí al escenario dando cortos pasitos y me coloqué entre las otras dos niñas finalistas.</p>
<p>Bueno, si hasta ese momento yo esta­ba sólo alucinado, a partir de enton­ces comencé a sentirme muy inquieto (o inquieta). El teatro era antiguo y de inspiración oriental, pero sus paredes habían sido forradas de globos y ban­deras americanas y de carteles del patrocinador del evento: las salchi­chas Chein; La megafonía repetía una y otra vez el tema “Sunny” de Boney M.; dos guardaespaldas provistos de unas pistolas enormes de verdad cubrían ambos flancos del escenario apuntando hacia el público, que esta­ba compuesto (cógete Pit) de ¡negros, putas, modelos y maricones! Ante aquel panorama yo estaba realmente asustado.</p>
<p>Tras unos minutos la música cesó y sonó una fanfarria, que dió pasó a la voz en off de un presentador:</p>
<p>“Buenas noches otra vez. Ha llegado el momento que todos estaban espe­rando. Dentro de unos instantes cono­ceremos el nombre de la ganadora de nuestro concurso anual de belleza y buenos modales para niñas de ocho años (la niña de mi izquierda me miró con una sonrisa nerviosa). Y bien, sin más preámbulos, pasemos a conocer el fallo de nuestro jurado:</p>
<p>“En tercer lugar, y por tanto no gana­dora de nuestro concurso, (sonó un redoble de tambor y un golpe de plati­llos) la niña: ¡Carolain Whestinhouse! (y entonces, para mi sorpresa, la niña de mi derecha empezó a gritar y a inflarse como un globo, se infló y se infló hasta que ¡¡Bom!!, explotó tiñen­do de un polvo y un humo amarillos toda la parte derecha del escenario. Yo me asusté de verdad y comencé a pensar, en aquella historia de locos, qué pasaría si yo no ganaba&#8230;) “La segunda clasificada y, por lo tanto, tampoco ganadora de nuestro concur­so es (más redoble y platillo) la niña: ¡Jennifer Joliswait! (y Jenny, como ya era de esperar, se fue inchando mien­tras gritaba “¡no, no!” y se inflaba y gri­taba hasta que también ¡Blom!; explo­tó al igual que la otra, pero dejando un rastro, esta vez rojo en la parte izquierda del escenario).</p>
<p>“Así pues, la ganadora es ¡Mari Jou Ritter”</p>
<p>El público empezó por fin a aplaudir. Mientras la señora altísima me colo­caba una banda; yo estaba literalmen­te petrificada, estupefacta y presa del terror. Entonces, cuando la señora lar­guísima se volvió a acercar a mi para ponerme la corona, llegó el desastre, la mujer se quedó mirándome fija­mente con cara de enfado y gritando dijo: “Un momento, esta niña no puede ganar, debe ser descalificada” Y dándome la vuelta mostró a todo el mundo la mancha de polvo hasta entonces oculta entre los vestidos de mis compañeras. La mujer me arran­có la banda de un tirón y yo, casi inmediatamente, también me fui inflando inflando, notando como mis músculos se desgarraban hasta que ¡¡BOOOM!!</p>
<p>Volví a aparecer en la camilla de la clí­nica Branford.</p>
<p style="padding-left: 30px;">-   Uf. Qué alivio, ¿no Harry?</p>
<p style="padding-left: 30px;">-   Sí Pit, fue horrible, pero de verdad que ahora estoy como nuevo.</p>
<p style="padding-left: 30px;">-   Claro, ahora sí que puedes decir que has vivido un caso de “explotación” infantil.</p>
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		<title>Fama y fortuna</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Apr 2013 17:00:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mavi</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Decía Joan Brossa meses antes de su muerte que lo único que habla echado en falta en su vida había sido el poder viajar y el poder ir a buenos restaurantes. Al margen de estar totalmente de acuerdo con él, ya que además del cine, los libros y la música -que él sí disfrutó-, lo propuesto por Brossa me parece lo esencial &#8211; entre lo que cuesta dinero- para vivir la vida (1), me sorprendió su afirmación. Consideraba a Brossa uno de los pocos artistas que valía la pena en España (o sea: uno de sus pocos Artistas) y siendo para mí tan importante tenía la impresión de que sería conocidísimo (no se engañen; siguen sin conocerlo ni los gatos). Hace dos o tres años consulté en una librería el libro del I.S.B.N. del corriente para ver qué es lo que existía publicado de sus poemas visuales. Solo encontré una referencia (al margen de su poesía literaria y su teatro): un librito de E<i>diciones</i> 62 que ya me había comprado cuando tenía quince o dieciseis anos (¡ y tengo cuarenta !). Esta injusticia la corrigió la reciente publicación de su catálogo <i>Joan Brossa, Poemes Visuals</i> por parte del IVAM, que recoge tanto los poemas publicados en libro (aquel librito) y revistas, como los editados en forma de obra gráfica.</p>
<p>O sea, que Joan Brossa era un muerto de hambre.</p>
<p>Porque los artistas, o son unos muertos de hambre o están forrados. No hay término medio</p>
<p>Decía también Miquel Barceló poco después de dar el pelotazo (pelotazo en el buen sentido, no en el de Villalonga el de la Telefónica) que se había visto sobrepasado por los acontecimientos ya que lo único que él pretendía era vivir de la pintura. En la presentación de un libro de Eduardo Mendoza ilustrado por Carlos Pazos en el IVAM, y en su tertulia subsiguiente, Pablo Coronado mantenía lo mismo. Bastante gente se escandalizó cuando yo dije (incluyéndome ) que lo que los artistas querían era ser ricos y famosos. La mayoría de -mejor dicho- aspirantes a artistas lo que pretenden es eso: Fama y Fortuna. Cada uno guarda distintos motivos para ello. En mi caso el motivo es que no hay alternativa: o Fama y Fortuna, o la lampancia. Por supuesto estamos hablando de artistas que elaboran arte del llamado contemporáneo, los que pintan barracas de La Albufera a tanto la hora o los que esculpen lápidas no cuentan.</p>
<p>Como no cuenta tampoco el artista que es profesor al mismo tiempo, o el que hace retratos para sostener su trabajo más comprometido, o los muchos que se dedican a diseño gráfico, o ilustración, cartelismo, etc. Esos no cuentan. Aquellos que sólo se dedican al cultivo del arte, o están forrados o son unos muertos de hambre. Ocurre también que una cosa es el triunfo personal y otra el triunfo social. Hay artistas que triunfan personalmente hallando el arte, mucho antes que socialmente. Hay otros que triunfan socialmente antes de que llegue el triunfo personal, Incluso a algunos, a veces, este último no les llega nunca.</p>
<p>Lo lamentable es que (salvo que seas el psicópata de Entrevias ) Fama y Fortuna siempre van juntas. Si ustedes pudieran elegir una de las dos&#8230;¿con cual se quedarían?. Yo, con Fortuna ( Fortuna audaces juvet). A mi la Fama me parece una pesadez. Desde luego gracias a ella puedes conocer a personas interesantes, pero la mayoría a los que vas a conocer son unos &#8221; pesaos&#8221; que sólo van a darte la tabarra (2).</p>
<p>Yo como ven, prefiero la Fortuna. Puede parecerles una vulgaridad (sobre todo si ya la poseen), pero como decía Mc Macarra: &#8220;La pasta masho, es ques una cossa primorosa&#8221;. Sin embargo la Fama va asociada por ejemplo a la vanidad, que me parece uno de los sentimientos más inferiores que pueda tener el ser humano.</p>
<p>En cambio, la Fortuna parece ser un buen objetivo para estimular el talento y el trabajo. No se si conocerán una leyenda que procede de la tradición alquímica.</p>
<p>En ella, un joven aspirante a alquimista, deseaba llegar a serlo vivamente y todos sus afanes y trabajos se dedicaban a ello con el objetivo de llegar a fabricar oro y asi, enriquecerse. Era tal su atención, cuidados y dedicación que no acabó siendo uno de los que los verdaderos alquimistas llamaban despectivamente &#8220;puffeurs&#8221;, sino que después de múltiples fracasos y dificultades llegó a convertirse en alquimista al conseguir sintetizar la Piedra Filosofal con la cual transmutar los metales. Ocurrió que llegado a este punto el joven se había transformado y apenas le importaba el oro, ya que había encontrado en su proceso de transformación otras cosas que le importaban más.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>( 1) Aunque si no tienes esas dos cosas tampoco pasa nada (como demuestra el caso de Brossa), de todos modos, ruego a las potestades pertinentes -toco madera- que a Mavi y a mí nunca nos falten. Y el que no viaje que sea porque no le dá la gana, como Bowles.</p>
<p>( 2 ) Además, parece que a partir de ahora solo vamos a tocar por cabeza a 15 minutos de Fama, según predicción de Andrew I, Pope of Pop: <i>En el futuro todo el mundo tendrá quince minutos de fama,</i> y el futuro es ya. Con lo cual la fama no vale la pena</p>
<p style="text-align: right;"> Joan Verdú</p>
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		<title>Mira mi pecho tatuado</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Apr 2013 16:17:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mavi</dc:creator>
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		<description><![CDATA[ Hace años los dirigibles surcaban los cielos de Nueva York transportando sacas de correos. Eran los tiempos en que un tatuaje era para siempre. Un amigo mío portorriqueño, Andy, trabajaba de cartero en uno de esos artefactos voladores. Hacía poco que había dejado la isla del Encanto, como gustan de llamarla sus compatriotas, dejando allí [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div>
<p style="text-align: left;" align="center"> Hace años los dirigibles surcaban los cielos de Nueva York transportando sacas de correos. Eran los tiempos en que un tatuaje era para siempre.</p>
<p style="text-align: left;" align="center">Un amigo mío portorriqueño, Andy, trabajaba de cartero en uno de esos artefactos voladores.</p>
<p style="text-align: left;">Hacía poco que había dejado la isla del Encanto, como gustan de llamarla sus compatriotas, dejando allí su corazón en el lecho de una linda muchachita de San Juan.</p>
<p style="text-align: left;">Se arrebata describiéndola y contándome todo lo que a ella se refería: su forma de hablar y andar, la forma en que trataba a todo el mundo en la pequeña bodega de su padre, lo dulces que eran sus besos y lo blanda que era su cama.</p>
<p style="text-align: left;">Una tarde llegó a mi casa nervioso y acalorado buscando mi consejo sobre su último gran acto de amor, el pacto de sangre que uniría su pasión con el destino: se tatuaría el nombre de su amada. Para siempre. Ya se imaginaba la cara de agradecimiento de la chica, las lágrimas corriendo por su cara que él recogería con los labios, los mismos labios que le pedirían eterno matrimonio, los mismos labios que recorrerían todos los rincones de su cuerpo hasta el fin de sus días.</p>
<p style="text-align: left;">Repetía sin cesar todas las frases escuchadas en boleros y habaneras, en almibaradas voces de cantantes a la moda. Y de su boca, con su acento caribeño y un inconfundible brillo en sus ojos, sonaban sinceras y conmovedoras.</p>
<p style="text-align: left;">Me sentía culpable por haber sido yo el que le había mencionado una casa de tatuajes en el Lower East Side famosa por la perfección de sus dibujos y por la gran clientela que la frecuentaba las veinticuatro horas del día.</p>
<p style="text-align: left;">Intenté hacerlo desistir recalcándole la imposibilidad del arrepentimiento, pero dos horas después nos encontrábamos haciendo cola entre una curiosa colección de asiáticos, soldados, marineros y hasta una bailarina de la Polinesia.</p>
<p style="text-align: left;">Andy había elegido un sencillo modelo floral con un pergamino que incluía el nombre de la chica, y como lugar su mano derecha.</p>
<p style="text-align: left;" align="center">Cuando nos llegó el turno el hombre que tatuaba preguntó a Andy— «¿Quieres tatuarte la cara?»</p>
<p style="text-align: left;">—  y ante la negativa de mi amigo nos explicó: «Las manos y la cara son la misma cosa. Es lo único que le enseñas al mundo. Nunca sabes lo que tendrás que hacer». Entre la indecisión y la confusión detener que elegir un nuevo destino para el motivo, algo brilló como una señal del cielo ante los ojos de Andy: un precioso corazón multicolor que excedía totalmente su presupuesto, un corazón sobre la piel indicando el lugar donde reinaba la chica del otro lado del mar.</p>
<p>Tras juntar todo nuestro dinero y llegar a un acuerdo con el tatuador, mi amigo se encomendó a su destino.</p>
</div>
<p>Viendo su cara y la de los hombres que llenaban la sala, también yo deseé hacer de mi cuerpo una tierra de panteras y serpientes, de espadas y corazones enamorados, de bel las mujeres y de temerarias banderas de piratas. Me sentía terriblemente desgraciado al no tener un nombre que tatuar en mis bíceps, una Armada que honrar en mi espalda o un enemigo al que jurar eterno odio en mi costado.</p>
<p>El mundo da muchas más vueltas de las que nos dicen los libros y las historias nunca tienen un The End que las cierre a tiempo.</p>
<p>Dos meses después de tatuarse el pecho, mi amigo se escapó por unos días a Puerto Rico sin poder esperar más a enseñarla prueba de fidelidad a su amada.</p>
<p>La encontró en los brazos de un amigo común lo cual le rompió el corazón, pero no hizo el menor efecto en la calidad del tatuaje que toda la vida le recordó el dolor de su amor traicionado. Llegó a detestarlo de tal modo, que nunca más lo mostró en público e incluso se bañaba con camiseta en los más calurosos días del verano.</p>
<p>No hace mucho leí un artículo que hablaba de que los tatuajes podían eliminarse y corrí a contárselo a Andy. Recibió la noticia como el fin de una pesadilla. Por fin se vería libre, interior y exteriormente, del recuerdo de una herida traicionera.</p>
<p>Esta vez también intenté disuadirlo dado lo caro del tratamiento y su posible peligrosidad. Le hablé de aceptar las señales en el cuerpo como muestra de nuestra historia y nuestra vida, como una arruga, la cicatriz de una operación o una cana. Pero era esa historia la que él repudiaba y estaba decidido a hacerla desaparecer.</p>
<p>Más tarde reconoció, sin embargo, que le gustaría conservar un recuerdo del corazón que acompañó toda su vida a su imagen en el espejo. La ¡dea de una fotografía le resultaba fría y antipática.</p>
<p style="padding-left: 30px;">—   Tal vez podrían cortarte el trozo de piel y enmarcarlo -le dije bromeando.</p>
<p style="padding-left: 30px;">—   ¿Podrían hacer eso? &#8211; dijo él.</p>
<p style="padding-left: 30px;">—   No seas bruto, hombre.</p>
<p>Le hablé de una artista que pintaba tatuajes, Mavi Escamilla, que tal vez pudiera hacerle un cuadro con el suyo antes de que se lo quitaran. Yo había visto unas reproducciones de sus obras en una revista y me habían impresionado sus imágenes como años atrás lo hicieran las del taller de tatuajes.</p>
<p>Se ilusionó con la idea y una vez más intenté hacerlo desistir. No es que sea un aguafiestas, pero desconfiaba que tan estupenda pintora europea hiciera el menor caso a un jubilado portorriqueño, contando con que éste tuviera suficiente plata como para pagar ni el transporte de la obra.</p>
<p>Pero Andy, un tipo de los tiempos en que los tatuajes eran para siempre, no se amilanó.</p>
<p>Le dije que le esperaba un largo viaje hasta que su corazón colgara de la pared.</p>
<p>Con la misma determinación con la que una vez entró a tatuarse me preguntó:</p>
<p style="padding-left: 30px;">—   ¿Y dónde vive esa chica?</p>
<p style="padding-left: 30px;">—   En Valencia.</p>
<p style="padding-left: 30px;">—- ¿Ohio?</p>
<p style="padding-left: 30px;">—   No, España.</p>
<p style="text-align: right;">CHARRIS</p>
<p align="right">N.Y. marzo 1992</p>
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